Espacio profundo

photo-1417577097439-425fb7dec05e

—¿Eveline? —Me incorporé sobresaltado. No sabía si el alarido que me había despertado lo había soñado o no— ¡¿Eveline?! —grité con la mirada puesta en la oscuridad del pasillo. Un silencio absoluto fue la única respuesta.

Durante todo el viaje de luna de miel era la primera vez que se levantaba antes que él.

—Luces. —La orden no surtió efecto— ¿Épsilon? —Nada. Parecía como si el ordenador de a bordo estuviese desconectado.

Empecé a preocuparme. Saqué una linterna del cajón de la mesita de noche y me adentré en el corredor que unía el dormitorio con la cocina y el puente de mando. La nave estaba decorada como si estuviéramos en un hotel. Al llegar a la bifurcación en forma de T me llegó un olor dulzón procedente de la derecha. Me tranquilicé pensando que seguramente a Eveline se le había antojado cocinar los panellets que tanto le gustaban y se habría quedado dormida, mientras se los comía, en una de las hamacas de la zona de baño. Aunque eso no explicaba el silencio de Épsilon.

Al llegar a la cocina la bandeja del horno reposaba sobre la encimera repleta de panellets. Faltaban algunos. Me llevé un par de ellos y me los fui comiendo por el camino.

La zona de la piscina era lo mejor de aquella nave. Uno podía tumbarse allí y contemplar las estrellas durante horas a través del inmenso ventanal que había en el techo. Pero Eveline tampoco estaba allí y la oscuridad le confería un aspecto lúgubre. Al fondo, la compuerta que llevaba a la zona de carga estaba abierta. «¿Para qué habrá ido hasta allí?»

A medida que me acercaba al final del corredor, la compuerta que daba al muelle de carga, por efecto de la luz de la linterna, parecía agrandarse. En mi febril imaginación se me antojaba la boca de una bestia a punto de engullirme. Contuve la respiración y traspasé el umbral.

Al entrar la vi a la izquierda. Estaba de pie, de espaldas a mí. Contemplando el destrozo que se había producido al caerse las cajas de las muestras que recogimos la semana pasada en aquel extraño planeta. En un terminal cercano una sustancia viscosa había producido un cortocircuito, lo que explicaba la desconexión de Épsilon, pero no entendía por qué no se habían activado los androides de mantenimiento.

—Estás aquí —dije aliviado—. Por un momento pensé que…

Dejé la frase a medias mientras se me hacía un nudo en la boca del estomago. Su quietud y su silencio se me antojaban antinaturales. Me acerqué a ella y la rodee. En ese momento pude comprobar con horror que toda su parte delantera había desaparecido. Solo era una carcasa vacía fijada al suelo por restos sanguinolentos, como si un ácido hubiese derretido la mayor parte de su cuerpo en cuestión de segundos. Entonces los vi. Pequeños seres, parecidos a escarabajos, se llevaban los restos a algún lugar a mis espaldas. No me dió tiempo a volverme para comprobar hacia dónde se dirigían. Oí un chasquido, note una sustancia viscosa en mi parte posterior  y una quemazón.

Antes de perder la conciencia un pensamiento fugaz cruzó mi mente: «¿qué ocurrirá cuando la nave vuelva a la tierra?»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *