Prueba 51 del reto (Reescribe un cuento de hadas clásico)

La bella durmiente

En un lejano reino vivía una princesa llamada Aurora a la que criaron unas hadas, tres para ser precisos. Ellas cuidaban de la pequeña, manteniéndola apartada del resto del mundo, para que la malvada Maléfica, una bruja perversa que habitaba las cenagosas tierras del norte, no pudiese dar con ella.

Una mañana, cuando se encontraba dando un paseo por los alrededores de la casa en la que vivía con las hadas se topó con una figura oscura y esbelta.

—¿Quién eres? —preguntó la muchacha sobresaltada a la misteriosa dama.

—Soy Maléfica.

Aurora al escuchar ese nombre, sobre el que tantas historia oscuras recaían, intentó salir corriendo pero no pudo.

No sabía si lo que la paralizaba era el mismo miedo o un conjuro de la hechicera.

—No temas. No voy a hacerte ningún daño. Te han contado muchas mentiras sobre mi que me gustaría aclararte si me das la oportunidad.

—¿Cómo me pides que confíe en ti después de lo que hiciste? —Aurora se debatía entre el terror y la rabia.

—¿Que te han dicho que hice que te causa tanto sufrimiento?

—Mi padre me contó que mataste a mi madre y jamás podré perdonar que me dejaras sin la posibilidad de llegar a conocerla.

—Aurora, yo soy tu madre. —Maléfica paladeó cada sílaba para imprimirle solemnidad a la frase.

—¡No, mientes! ¡Eso no puede ser!

—No te miento. Ven y te lo demostraré.

Aurora se resistía, pero una fuerza superior a ella la arrastraba hacia la oscura hechicera.

Al llegar junto a ella, Maléfica posó su mano derecha sobre la frente de la princesa y le transmitió todas sus vivencias.

Al principio pensó que era algún tipo de artificio, pero al cabo se reconoció en el bebé que habitaba en los recuerdos de Maléfica. Sintió todo el amor que ella le profesó hasta que su padre, por medio de mentiras la apartó de ella cuando Maléfica descubrió las intrigas que tramaba el rey contra su propio reino con el único fin de enriquecerse aún más.

Mientras la información pasaba a la mente de Aurora el odio y el miedo que sentía hacia ella se fueron transformando en amor incondicional y deseos de venganza hacia los que la habían privado de su madre con sus mentiras.

—Ahora ya sabes la verdad. ¿Qué quieres hacer? —le preguntó Maléfica a su hija.

—Me han tenido durante muchos años sumida en un sueño en vida que me apartó de la verdad. Duérmelos a todos.

Y así lo hizo Maléfica. Lanzó un hechizo que durmió a todo el reino. Después se marcharon madre e hija a las tierras del norte a recuperar el tiempo perdido.

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