Prueba 50 del reto (Escribe un relato sobre una fiesta, un grito y una mentira que cada vez crece más)

Mentiras encadenadas

—¡Aaaaaaaah! —El grito provenía del exterior, de la zona de la piscina.

Todos los asistentes a la fiesta reaccionaron de diversas maneras: unos echando un rápido vistazo a través de las ventanas y volviendo a sus quehaceres, otros se quedaron asomados al balcón de la planta de arriba del chalet de los padres de Rosa para ver qué pasaba y los que estaban en el jardín o cerca de la puerta que daba al mismo se acercaron a Rosa para preguntarle porque había chillado de aquella manera.

—No es nada —les tranquilizó rápidamente ella—, es solo que me he acordado de que mis padres venían hoy y no mañana. Pero si empezamos a recoger ahora mismo posiblemente este todo niquelao para cuando lleguen.

Lo que no les dijo a sus amigos es que acababa de ver a un duende de las sombras saliendo del agua.

Estos seres se alimentaban de mentiras y para asegurarse su sustento obligaban a mentir a la persona con la que conectaban.

Rosa había conectado con uno de ellos, por eso era la única que podía verlo. No era la primera vez que le ocurría esto y sabía por experiencia que alimentarse no era lo único que hacían, también les divertía mucho hacer toda clase de trastadas que pusieran en un aprieto a la persona elegida.

—Pero qué dices, tía. ¿Se te va la olla?, tus padres se han ido con los míos y no vienen hasta mañana por la noche —Sara, su mejor amiga, no daba crédito a la artimaña que intentaba Rosa para quedarse a solas con David.

En ese momento vio como el duende entraba en la casa.

—No, en serio, tenéis que marcharos. —Su mente intentaba por todos los medios decir la verdad, pero en cuanto el duende captaba que estaba a punto de delatarlo tomaba el control—. Hay una infestación de cucarachas en los falsos techos que podría caer encima de la gente en cualquier momento.

Sus amigos rompieron a reír.

—Es la excusa más burda que he oído jamás —intervino Marcos—. Si quieres quedarte a solas con tu novio ya tendréis tiempo después de la fiesta. No se que prisas te han entrado ahora.

Rosa se puso como un tomate, en parte por la vergüenza, en parte por su lucha interna para recuperar el control de sus palabras.

Las veces anteriores, cuando se quedaba a solas, el duende se aburría y se marchaba por sí mismo, pero con la casa llena de gente y tras lo que acababa de decir Marcos le iba a resultar muy difícil apartar a todos de su lado. Sobre todo al gallito de David, que ya estaba barajando las posibilidades que tendría con Rosa con media sonrisa de bobo dibujada en la cara.

Rosa entró en la casa para controlar de cerca al duende y comprobó que estaba a punto de dejar caer la lámpara del salón sobre los que bailaban bajo ella.

—¡No! —grito alzando la mano derecha hacia el lugar donde se hallaba el duende.

Este soltó una risita histérica que solo ella podía oír y desprendió uno de los tornillos de sujeción.

Rosa corrió hacia allí y a empujones apartó a todo el mundo justo antes de que la lámpara de estrellara contra el suelo.

—Le aflojé los tornillos esta mañana para gastarle una broma a mi hermano.

Algunos de los asistentes pensaron que ya tenían suficiente y empezaron a marcharse.

Entonces a Rosa se le ocurrió que si el duende no le dejaba decir la verdad aprovecharía las mentiras para conseguir su objetivo.  Descolgó el teléfono y llamó a la policía. Les dijo que unos jóvenes se habían autoinvitado a una fiesta en su casa y no conseguía desalojarlos.

Al cabo llegaron unos agentes y acabaron con la fiesta.

Los amigos de Rosa no daban crédito. Cada vez estaba soltando mentiras más y más grandes. No la reconocían y se fueron indignados a sus casas.

A los pocos minutos de quedarse sola, llorando en su habitación, el duende decidió marcharse.

A su hermano pequeño nunca lo visitaba, porque era demasiado chico y aún no le había dicho ninguna mentira gorda a sus padres, como aquella vez que les dijo que se quedaba a dormir en casa de Sara y sus padres preocupados la tuvieron que ir a buscar a altas horas de la noche a la sala de fiesta que les indicó Sara cuando la pillaron en una contradicción.

Se quedó llorando amargamente y lamentándose por las mentiras que había dicho en su vida antes de que empezara a visitarla el duende de las sombras para hacerle la vida imposible.

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