Prueba 49 del reto (Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados)

Indecisión

—¿Ángela?

—Sí quiero —contestó por inercia, pues estaba visualizando el momento del enlace para autoconvencerse de que era lo que debía hacer, aunque su corazón le indicara lo contrario.

—¿Pero qué dices, mujer? —Su amiga Clara intentaba hacerla elegir entre dos ramos que le estaba mostrando.

—Perdona, hija, es que estoy de los nervios con todo lo de la boda —contestó centrándose en las flores—. Este me parece el más adecuado.

Clara se encogió de hombros y se marchó a continuar con los preparativos.

Ángela no le había contado a nadie el motivo por el que se estaba planteando seriamente si continuar con el enlace o no. Se asomó por la ventana de la habitación donde la estaban vistiendo y observó a los invitados en el jardín. Todos iban elegantemente vestidos y sus caras irradiaban felicidad. Al fondo se podía divisar la carpa donde tenía que darle el sí quiero a Ramón,  su prometido desde hacía cuatro años.  Junto a la carpa nupcial se encontraban las mesas dispuestas ya para el banquete posterior. Se centró en la visión de la tarta.  Era de cuatro pisos, uno por cada año que habían compartido juntos, y en el de arriba del todo se encontraban dos réplicas de los novios que Ramón se había encargado de sacar por la impresora en 3D de su trabajo.

—Ignorarme no va a hacer que desaparezca. —La voz de Andrés hizo que se golpeara con el quicio de la ventana del respingo que dio.

Andrés era el amor de su vida, pero Ramón había sido un gran apoyo para ella estos últimos cuatro años.

—Lo sé. Pero no se que debo hacer. Estoy confusa. No esperaba que fueras a aparecer después de ocho años. Y justo en el día de mi boda.

—Para mí es como si no hubiera pasado el tiempo. Es la primera vez que te veo desde que tuve el accidente y todos estos años no existen en mi memoria.

—¡Oh, Andrés! —Ángela no pudo resistirse más y se echó a sus brazos, besándolo apasionadamente.

Ella podía sentirlo, tocarlo, besarlo, aunque el espejo que tenía enfrente solo le devolvía su propia imagen. ¿Cómo podía casarse con Ramón ahora que Andrés había dado con la manera de visitarla desde el más allá?

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