Prueba 47 del reto (Elige una letra del alfabeto. Encuentra 5 elementos de tu habitación que comiencen por esa letra y escribe un relato sobre alguien que intenta escapar usándolos, al más puro estilo MacGyver)

El escapista

—Ya verás, el tío es buenísimo —le comentó Daniel a su amigo Román mientras terminaban de ocupar sus asientos.

—Si es como cuentas, estoy impaciente por ver el número —Román no creía que fuera para tanto, pero su amigo estaba tan emocionado que prefirió seguirle el juego.

Se apagaron las luces y se abrió el telón. En el centro del escenario había una habitación recreada hasta el último detalle. Sus paredes eran de metacrilato para que se pudiera ver a través de ellas.

En el centro de la habitación, sentado a los pies de la cama, de cara al público, había un hombre. Era muy delgado y el negro de su cabello contrastaba con el blanco de su piel.

La puerta de la habitación se encontraba en la pared de la derecha, visto desde la posición del público.

Dicha puerta se encontraba cerrada con llave y la llave estaba sobre un pedestal que había frente a la puerta, a unos dos metros de distancia.

El escapista se levantó y se dirigió al público:

—Buenas noches,  señoras y caballeros. En esta ocasión he querido rizar el rizo y para salir de esta habitación, en lugar de utilizar los objetos de la misma que yo elija, limitaré dicha elección a tan solo  cinco objetos que empiecen por la letra que ustedes decidan.

El público escogió la letra C y rápidamente el escapista se puso en movimiento. Descolgó dos pequeñas cortinas que adornaban una falsa ventana que había en la pared de la izquierda. Unió ambas con la cadena de un camafeo que había en la mesita de noche y este último lo introdujo bajo la puerta a presión para hacerla subir un poco, todo lo que el juego que existía entre el marco y la misma le permitía.

Acto seguido plegó varias veces las cortinas para darles mayor consistencia y con paciencia las fue deslizando bajo la puerta hasta que alcanzaron la base del pedestal.

El último objeto que empleó para su fuga fue una pesada cómoda que había junto a la cama. Localizó la tabla del escenario donde se apoyaba el pedestal y levantando el mueble a peso lo dejó caer con una de sus patas apuntando a dicha tabla. El golpe hizo que la llave se acercara un poco hacia el borde del pedestal más cercano a la puerta. Repitió la operación varias veces hasta que la llave cayó sobre la cortina que había topado con su base. Tiró suavemente de las cortinas y se hizo con la llave, pudiendo abrir finalmente la puerta.

Al salir de la habitación, mientras el público le aplaudía, se cubrió con las cortinas y permaneció inmóvil.

Cuando los aplausos terminaron por apagarse la figura bajo las cortinas ya no tenía la misma complexión.

Román no dio crédito a lo que vio cuando Daniel salió de debajo de las cortinas.

—¿Sigues pensando que no soy para tanto? —La voz del escapista le hizo mirar al asiento contiguo, donde antes estaba sentado su amigo Daniel.

Le dedicó una enigmática sonrisa y se levantó provocando multitud de exclamaciones entre los asistentes y arrancando un feroz aplauso que continuó hasta mucho después de que volviera al escenario, saludara al público con una reverencia y se cerrara el telón.

Román esa noche no pudo dormir intentando descifrar en vano lo que había vivido en aquel teatro.

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