Prueba 46 del reto (Escribe una historia que tenga lugar en un taller mecánico)

El encargo

John estaba dando los últimos retoques al coche cuando aquel tipo del pelo alborotado y blanco entró por la puerta.

—Buenas noches —saludó al recién llegado sin levantar la vista de lo que estaba haciendo—. Ya lo tengo casi listo. Ajusto esta pieza de aquí y ya.

—Estupendo —contestó el tipo canoso mientras paseaba su mirada entre los almanaques que había colgados de la pared—. ¿Anuló los convertidores catalíticos como le indiqué?

—Ahí están, en la mesa que tiene justo delante.

—¿Y mejoró la suspensión también? —inquirió mientras ojeada las piezas mencionadas manipulándolas con un lápiz que había extraído del bolsillo de su bata de laboratorio.

—Lo he dejado tal y como salían de fábrica en Irlanda. Incluso me he permitido la licencia de rectificar un poco el motor, viendo que buscaba un aumento de la potencia. De todos modos con los cambios sugeridos no pasará la inspección técnica anual.

—No se preocupe, no lo necesito para circular por la vía pública.

—En ese caso —exclamó el mecánico cerrando el capó—, aquí lo tiene. He terminado.

El desconocido no dijo nada más. Sacó dinero de uno de sus bolsillos y se lo tendió a John mientras se quedó admirando el Delorean. El dueño del taller contó el dinero y vio que había algo más de lo acordado. Hizo el ademán de comentárselo a su cliente, pero este hizo un gesto con la mano para indicar que así estaba bien y se subió al coche.

Antes de arrancar sacó su agenda y tachó con su lápiz el teléfono de unos terroristas libios a los que pensaba birlar una caja de plutonio con la excusa de fabricarles una bomba.

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