Prueba 43 del reto (Escribe una metáfora sobre el primer objeto que veas al apartar tu mirada de la pantalla. Haz un relato que la integre)

El televisor

Me encontraba escribiendo un relato en el móvil. Aunque estaba en casa y tenía el portátil en la planta de arriba, ya me había acostumbrado a utilizar ese dispositivo para crear mis historias, mis pequeños mundos paralelos que me ayudaban a evadirme de la realidad cuando esta no me hacía sentirme realizado.

Durante un momento de bloqueo levanté la vista de la pantalla y lo primero que vi fue el televisor del salón. Aquella oscura ventana a la procrastinación parecía llamarme. Su piloto rojo de stand by deseaba cambiar a la tonalidad verde que daba paso a todo un mundo paralelo de entretenimiento. La caja tonta, como siempre la habían llamado, a mí me pareció muy lista en ese momento. De hecho casi era capaz de leer mis pensamientos, incluso de inculcar ideas en mi mente para conseguir su objetivo: tenerme la mayor parte del día enganchado a su programación para evitar que piense demasiado.

En ese preciso momento estaba pensando que quizás hubiese algo en la tele que pudiera reactivar mi dormida creatividad. Estaba seguro de que ese pensamiento no podía provenir del interior de mi cabeza. De hecho, cuanto más pensaba en eso último más ominosa se me hacía su presencia.

Al intentar volver a centrarme en el móvil me quedé perplejo. Ya no lo tenía en mi mano, sino que reposaba sobre la mesa y en su lugar sujetaba el mando a distancia con el botón de encendido bajo mi pulgar.

Lo solté en el sofá como si me quemara y me quedé mirándolo mientras con el rabillo del ojo seguía pendiente de aquel engendro de la tecnología.

Al cabo de un rato, sin llegar yo a tocar de nuevo el mando a distancia la pantalla se encendió por sí sola.

En un principio creía que había  fallado la imagen, como le ocurría algunas veces, pues el piloto cambió a verde, pero en la pantalla no se veía nada. Tampoco se escuchaba nada. Pero al fijarme con mayor atención pude distinguir un diminuto y tenue n de luz que giraba en el centro. También empecé a escuchar de fondo un zumbido muy suave, pero que, muy poco a poco, iba ganando intensidad.

Al cabo de unos segundos había una hipnótica espiral ocupando toda la pantalla y el estruendoso sonido invadía toda la estancia haciéndose insoportable.

De pronto todo el salón empezó a parpadear, como si la propia realidad fuese una imagen defectuosa. Incluso yo mismo empezaba a distorsionarme. Cuando ya pensaba que iba a perder la consciencia todo se detuvo volviendo a la normalidad.

Parecía que se hubiese reiniciado la escena, pues volvía a tener mi móvil en la mano y empezaba a levantar la vista hacia la pantalla. Me aseguré de que el piloto de la tele estuviera en rojo y respiré profundamente, soltando después el aire muy despacio.

No entendía lo que acababa de ocurrir. ¿Me lo habría imaginado?

En ese preciso instante sonó el timbre de la puerta, pero sonaba muy distorsionado, como si rechinara el propio aire circundante.

Tras un segundo intento se escucharon unas llaves tintinear tras la puerta, aunque todos los sonidos parecían amortiguados, como si me encontrará debajo de agua.

Al mirar a la pantalla esta me devolvió mi propio reflejo y al cabo apareció el de mi mujer que entraba en el salón y me saludaba. En ese preciso instante me di cuenta de que los sonidos provenían del otro lado de la pantalla.

Me volví hacia mi esposa y se me heló la sangre. El ser que tenía delante solo tenía su silueta. Su cara sin rostro parecía escrutarne, haciéndome sentir que no debía de estar allí.

Sin previo aviso, aquel ser lanzo una de sus garras hacia mí pecho. Lo atravesó y cerró el puño en torno a mi corazón.

Con mi último aliento pude ver al otro lado de la pantalla como mi mujer intentaba reanimar mi cuerpo inerte.

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