Prueba 42 del reto (Escribe una historia acerca de un personaje que perdió algo importante)

El ingenioso Ulises

—No lo entiendo, lo había dejado justo aquí —exclamó Ulises al terminar de enfundarse el disfraz de anciano que había preparado para darles una lección a los pretendientes de su esposa Penélope.

Su arco y sus flechas habían desaparecido por arte de magia. Solo los había perdido de vista unos segundos y ya no estaban donde los dejó.

—Estaban aquí, junto a éste árbol —confirmó Telémaco— ¿Cómo vamos a preparar ahora la prueba ante los pretendientes?

—No desesperes, hijo, algo se nos ocurrirá. Dirijámonos a palacio, ya pensaremos algo por el camino.

En los establos se reúnen con Eumeo y con Atenea, que ha adoptado la forma de Mentor. Ulises les explica que ha habido un cambio de planes y que ya no pedirá a Telémaco que proponga a los pretendientes que intenten tensar su arco, pues lo ha perdido. Les confiesa que sin el arco la lucha será mucho más cruenta y que están a tiempo de echarse atrás.

Para regocijo de su corazón Ulises comprueba que aún así le siguen siendo fieles y deciden no demorar más el desenlace.

Como vaticinó Odiseo la batalla fue muy dura, pero al final salieron victoriosos sin sufrir bajas, tan solo algunos rasguños. Pensó entonces Ulises que los dioses debían de estar de su lado.

Cuando llegó a la alcoba en busca de su amada, que tantos años había esperado por él, la encontró dormida. Junto a su cama, había un telar y sobre él un sudario totalmente terminado. Bajo el telar, medio oculto tras una cortina, pudo apreciar la punta de su arco. Solo podía significar una cosa: Penélope, sabiéndole ya en la isla y tras oír los planes que urdió junto a su hijo Telémaco, decidió arrebatarle el arco, asistida por alguna divinidad, para que no los llevara a cabo.

Después de tantos años esperándolo, justo al final sucumbió a los encantos de uno de los pretendientes, hasta el punto de desear su muerte, para que no se interpusiera entre ellos. En ese momento se dio cuenta de que en realidad había perdido algo mucho más importante que su arco ese día.

Ulises la perdonó, pues aún la amaba como el primer día, pero la espina de esa traición se fue clavando cada vez más adentro en su corazón, hasta que un año decidió volver a embarcarse en pos de  nuevas aventuras y ya no volvió nunca más a Ítaca.

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