Prueba 40 del reto (Abre el primer libro que veas por la página 23. Escoge la tercera frase de la página y úsala como la primera oración de tu relato)

El poeta inquieto

«Entre los ejemplos de lectura inquieta, merece un lugar especial el artículo escrito por Eugenio Montale en el Corriere della Sera  (29.7.1962), “Opere aperte”, donde el poeta oscila entre el interés por los nuevos fenómenos comunicativos y la desconfianza frente a un mundo que nota globalmente extraño».

Samuel cerró el libro de Umberto Eco y se quedó un rato meditando antes de devolverlo a la estantería.

Quería escribir el poema más hermoso del mundo y buscaba inspiración entre los libros de su biblioteca.

Algunos libros le hablaban de la métrica que debía tener una buena poesía, otros del ritmo. Muchos ejemplares consultados insistían en que debía de ser algo íntimo, vivencias del autor, y otros, por el contrario, le instaban a ser más universal, para llegar al máximo de lectores posibles.

No se decidía. No sabía por qué consejo decantarse, por lo que, finalmente, alzó su pluma y comenzó a escribir sobre el lienzo. Dejó que su mano, sincronizada con las pulsaciones de su corazón, decidiese qué plasmar en la hoja en blanco:

«Desde el polvo primigenio

hasta los salones dorados

la magia del ingenio

los mantuvo enamorados».

Lo leyó para sí y le gustó. No sabía si el simple hecho de gustarle a él sería suficiente para considerarlo un buen poema, pero había intentado infinidad de veces escribir ciñéndose a todas las normas que había ido aprendiendo con el paso del tiempo y el resultado gustaba mucho al resto, pero no le llegaba a convencer a él. Al dejarse llevar por su instinto las líneas salieron de lo más profundo de su subconsciente, consiguiendo así una obra auténtica y pura.

Dobló el papel en tres partes y lo selló con lacre. Después imprimió el sello de su anillo en la purpúrea gota y se lo entregó a un emisario para que lo entregara en el palacio de cristal.

—¿Quién es el destinatario, señor? —le pregunto el heraldo.

—Basta con que la entregues en la puerta —le contestó Samuel—. En cuanto vean el sello ya sabrán a quién va dirigida esta carta.

El mensajero partió sin hacer ninguna pregunta más. Él no conocía la tradición de dicha ciudad:

Llevaban mucho tiempo esperando la llegada de una carta con ese sello, pues eso significaría una nueva oportunidad para la raza humana. Después de que la era del hombre se marchitara hace ya algunos siglos, los pocos reductos de humanos que quedaban se concentraban en ciudades-cúpula a las que llamaban palacios. El de cristal era la más hermosa de todas y en ella existía la creencia de que algún día llegaría una carta con el sello del creador destinada a la creadora, soberana de dicha ciudad. Esto supondría el inicio de la reconciliación entre ambos cuyas luchas tanto daño habían causado a los seres mortales.

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