Prueba 39 del reto (Escribe un relato en el cual dos personas totalmente opuestas se conozcan de forma poco corriente)

Polos opuestos

—Hola —dijo Ramón al entrar en aquel reducido espacio.

—¿Qué hay? —respondió la chica que lo estaba esperando.

No es que lo estuviera esperando expresamente a él, pero era la única cabina en la que quedaba solo una persona dentro y era cuestión de tiempo que alguien la ocupara.

Ramón era muy ordenado y siempre procuraba ceñirse a las normas. Se sentó en su asiento, colocó su macuto entre las piernas y se ajustó el cinturón.

—Me llamo Ramón —se presentó torpemente.

—Muy bien, yo soy Ángela, pero no te hagas ilusiones, no eres mi tipo —soltó con desparpajo.

Ramón se puso muy colorado y no volvió a abrir la boca durante el tiempo que duró el trayecto. Tuvo que admitir que a primera vista le había gustado la chica, pero tras sus palabras se centró en analizar sus defectos para distanciarse mentalmente de ella ya que el reducido espacio de aquellas cabinas no le permitía poner distancia física entre ellos. Pronto descubrió que era todo lo contrario a él. Iba desaliñada, tenía su mochila de supervivencia tirada en el suelo de cualquier manera y, para colmo, no se había abrochado el cinturón de seguridad.

—¿Para qué, si esto es tan pequeño que no nos podemos ni mover? —Parecía que le había leído el pensamiento, pero pronto dedujo que se había quedado mirando fijamente el extremo suelto del mecanismo de anclaje.

Desvió la mirada y sintió cómo aumentaba la temperatura en sus mejillas. Pensó que debía estar más rojo que un tomate.

Y así era, y eso a Ángela le hacía mucha gracia. Llevaba jugando con él desde el principio, pues nada más verlo también le gustó y eso que era lo contrario a ella. Ángela era desenfadada, desordenada y le gustaba improvisar.

La cabina empezó a moverse y al llegar a lo más alto de la noria se produjo el salto espacio-temporal, comenzando así el reality al que ambos se habían apuntado: Polos Opuestos. Enviaban a los concursantes, siempre por parejas, a una isla desierta para demostrar que los polos opuestos se atraen al tener que convivir en un espacio reducido teniendo que cooperar para sobrevivir. Como en el siglo XXII ya no existían islas sin habitar los enviaban muy atrás en el tiempo, a una época en la que ningún ser humano poblaba la Tierra.

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