Prueba 37 del reto (Escribe una historia con los siguientes elementos: orejas, bufanda, sonajero y guirnalda)

Bebeman

—¡Alto ahí! —Los asaltantes de la sucursal bancaria se quedaron atónitos ante la visión que se presentaba ante sus ojos:

Un hombre disfrazado de bebé les apuntaba con su sonajero. Las carnes flojas de un señor entrado en años contrastaban con su indumentaria: un pañal blanco, una bufanda de rayas rojas y verdes, a juego con los colores de su improvisada arma, y una guirnalda de banderines colgada de su hombro que le cruzaba el pecho, de igual tonalidad que el resto de sus accesorios, eran sus únicas prendas. Pero lo que más llamaba la atención, aparte del hecho de que no mostrara tener nada de frío —estaban a principios de Enero—, eran su fino bigotito y las orejas de soplillo.

La primera reacción de los delincuentes, tras reponerse de la impresión, fue reír a carcajadas.

—¿Y qué piensas hacer, abuelo, matarnos de un ataque de risa? —le increpó el que parecía ser el líder.

—¡Soy Bebeman y estáis todos detenidos! —Las risas se multiplicaron e incluso se transmitieron tímidamente a los rehenes del atraco.

Entonces sucedió lo impensable: Bebeman activó su sonajero y una onda sónica localizada dejó sin sentido al jefe de la banda. Como un acto reflejo sus compinches comenzaron a disparar sobre aquel extravagante superhéroe. Las balas lo atravesaban sin causarle el menor rasguño y se empotraban en la pared de hormigón recubierta de yeso que tenía detrás. Uno por uno fue dejando inconscientes a los incrédulos malhechores hasta que yacieron todos en el suelo entre los fajos de billetes que se habían salido de los macutos que portaban.

En ese momento irrumpieron en la oficina un grupo de agentes de policía seguidos de dos hombres enchaquetados. Uno de ellos portaba un control remoto. Al pulsar un botón dos objetos voladores se materializaron ante la atónita mirada de los recién liberados.

—Las armas sónicas de los drones de combate han resultado ser todo un éxito —le comentó uno de los hombres trajeados al otro, que parecería ser su superior—, así como su camuflaje termoóptico.

—¿Era necesario ridiculizar al sargento proyectando ese esperpéntico holograma basado en su persona? —La reprimenda fue muy suave, pues a su superior también se le había escapado alguna que otra lagrimilla del ataque de risa contenido que sufrió al contemplar la escena a través de los visores de los drones.

—Me pareció divertido a la par que apropiado. Él intentó ridiculizar a nuestro departamento cuando presentamos este proyecto.

—Para la próxima vez elige un modelo anónimo de la base de datos —concluyó con una sonrisa de complicidad dibujada en los labios.

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