San Saru

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—Va a comenzar.

—Descríbeme lo que ves, por favor.

—Hay dragones, gárgolas, trolls, gigantes y multitud de criaturas mitológicas más, que han iniciado el ataque al último reducto humano de este lugar. Están barriendo sus defensas. Tanto mujeres como hombres, aún sabiéndose vencidos, no cejan en su lucha, en un vano intento de proteger a sus vástagos, ocultos tras las puertas de la gruta que hay en la falda de la montaña, donde se apoya el castillo.

—¿Las puertas tienen algún sello mágico?

—No, son imponentes, pero nada más.

—¿Entonces la humanidad está sentenciada?

—Él no lo permitirá.

—¿Quién?

—El encapuchado que acaba de aparecer en el valle a la retaguardia del ataque.

—Continúa.

—De la capucha sale una nube negra que se desplaza a gran velocidad disolviendo y absorbiendo a todo el que toca. Ante los lamentos de sus inhumanos compañeros, los que están a punto de franquear las puertas ya destruidas, se vuelven para encarar su destino. Todo termina en cuestión de segundos. Ahora se desprende de su túnica desvelando la naturaleza metálica de su ser. Se eleva en el aire y desaparece en vertiginosa aceleración.

—¿A dónde se lleva la magia de este lugar?

—Está volando hacia un portal temporal en el espacio para volver dentro de miles de años, en un momento en el que imperará la tecnología, equilibrando así de nuevo la contienda.

—¿Y cómo puedes saber todo eso?

—Me lo transmite, al igual que tus preguntas, por medio de gestos, el tercer observador que nos acompaña.

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