Por siempre

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Ella sopló la única vela que había sobre aquella Magdalena rosa y enjugó sus lágrimas.

—Vamos, no llores —él la besó y la abrazó con fuerza.

—¡Los echo de menos! —las palabras cayeron en cascada por la espalda de su amado junto con sus lágrimas.

—Yo también echo de menos a mi familia —la consoló —pero piensa que ya estaremos juntos para siempre, ¡es lo que tú y yo queríamos!

—¡Te amo, Isaac! —su vidriosa mirada se clavó en la de él tras apartarlo suavemente —prométeme que no permitirás que nuestro amor se extinga nunca!

—Te lo prometo, Úrsula!

Se fundieron en un beso infinito, mientras sus corazones agradecían la suerte de poder estar juntos y se preguntaban qué les depararía aquel viaje a ninguna parte, lejos de sus hogares y de sus seres queridos. ¡Se sentían tan afortunados, no obstante!

Programaron sus respectivas cápsulas criogénicas para volver a despertar transcurrido un año terrestre, ambos cumplían años el mismo día y escogieron ese momento para disfrutar de una jornada entera el uno del otro. Según los cálculos de Verne, el ordenador de a bordo, tenían reservas suficientes para repetirlo durante miles de años, convirtiendo así su amor en algo prácticamente eterno.

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